viernes, 6 de noviembre de 2009

La identidad puntiaguda de los sexos + Poema 23, Invitación Al Polvo AUTOR: MANUEL RAMOS OTERO











Poema 23, Invitación al Polvo

Por Manuel Ramos Otero
Éramos flores desterradas desde un Caribe ancho
y luminoso a un apartamento nocturno y estrecho.
Éramos un recuerdo distinto y similar de voces
amorosas que quedaron atrás encerradas en el
mar, jugando al escondite por bosques milenarios y
volcanes dormidos. Éramos todo eso y mucho más:
el eco de un espíritu sincero que cambió brisa
por humo, fuego de sol por ceniza, gente de carne
y hueso por máscaras anónimas, hombres de la
ciudad que en el amor volvieron a sus islas infinitas.
Cubanacán boricua y Borikén cubano, finalmente
abrazados, con las alas cortadas falsificando
vuelos, como cambiando pétalos por plumas.
Éramos boleristas de la misma loseta: vereda
tropical y niebla de riachuelo, un desvelo de amor
bajo Venus, olas y arenas de una nave sin rumbo,
besos de fuego para una canción desesperada,
yo era una flor y tú mi propio yo. Con lágrimas
de sangre quise escribir la historia que ahora escribo
con sangre, con tinta sangre, del corazón. Éramos
compañeros del desorden profundo, pasión de
vellonera hombres por fuera y por dentro, no
solamente cuerpos sino historia. Éramos la victoria
de amarnos sin prejuicios, sin posesión ni celos,
sabiendo que lo eterno dura un segundo. Éramos los
remeros de la misma galera en busca de esa isla que
al final los libera. Éramos mucho menos
de lo que ahora somos. 





Manuel Ramos Otero (Puerto Rico, 1948-1990) fue un narrador y poeta que pasó la mitad de su vida en la ciudad de Nueva York. Su actitud radical respecto a la práctica de la escritura y de la vida sexual le hicieron víctima frecuente de la marginación, tanto en su país como en Nueva York, a donde emigró desde 1968 hasta 1990; no obstante, la crítica no pudo dejar de contar con la obra de este autor al referirse a la generación a la que pertenecía. . . . yo estoy entre mi ficción y la historia, no estoy fuera de ninguna de las dos sino entre ambas, y todo lo que he escrito, todo lo que escribo, es un intento de atrapar, irónicamente, la voz de mi liberación. Después de morir, en octubre de 1990 -- a causa del SIDA -- sus trabajos han recibido un más justo reconocimiento. 


-- Félix Joaquín Rivera 


Para más información puede contactar a: info@efimera.com















José Manuel Ramos Otero nació en Manatí el 20 de julio de 1948. Su niñez la pasó en su ciudad natal y vivió, en la segunda sede del antiguo edificio del Casino Puertorriqueño de Manatí.


"Yo nací en un pueblo de embuste, si usted quiere algo más de embuste en Puerto Rico que haber nacido en Manatí, la Atenas de Puerto Rico... No solamente nací en la Atenas de Puerto Rico, nací
en el viejo edificio que había sido el viejo Casino Español de Manatí. Vivíamos en la planta baja, mi abuela en la segunda planta, en lo que había sido la pista de baile del casino. Entonces, cada vez (...) uno iba de apartamento en apartamento y me decían, aquí era que se bailaba, aquí era que estaba la barra. O sea, qué yo nací en un edificio de embuste (...) Mi madre cada vez, que era muy frecuentemente, que le daban esos corajes, mientras barría, cantaba boleros. Y yo siempre recuerdo que cantaba, por ejemplo, enfurecida (...) 'mi vida la embellece una esperanza azul', la contradicción entre su furia y la esperanza azul, la escoba (...) mi padre se daba un trago e inmediatamente recitaba José Ángel Buesa (...) o el poema de Garrick".


Con estas palabras, cuyo tono sutilmente irónico no oculta la nostalgia y el amor por la familia y por el pueblo que lo vio nacer - ambos recreados una y otra vez en su obra - explica Manuel Ramos Otero la importancia que tuvo en su formación como escritor su infancia y el ambiente manatieño con su evocación de pasadas glorias. En efecto, Manatí nutre gran parte de su obra, junto con la ciudad de San Juan y Nueva York, donde residió durante veinte años.


Ramos Otero inició sus estudios en el colegio la Inmaculada
en Manatí. Su familia se trasladó a San Juan cuando él tenía siete años. Asistió a la Escuela Superior de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (1960-1965) y continuó hasta recibir un título de licenciatura en ciencias sociales (major en sociología y la minor en ciencias políticas) en la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó en 1969.


En 1979 obtuvo la maestría en literatura en New York University. En Nueva York se desempeñó al principio como investigador social, más tarde como profesor en distintas instituciones educativas tales corno Rutgers University, La Guardia Community College, York College y Lehman College. Fundó una pequeña editorial, El Libro Viaje. Organizó conferencias y encuentros de escritores puertorriqueños en Estados Unidos.


Acorde con el momento en que se da su formación e inicio como escritor, el estilo de algunos de sus relatos en particular los que publica en la revista "Zona carga y descarga" - editada por Rosario Ferré y Olga Nolla de 1972 a 1975-resultan, para muchos lectores, chocantes por el atrevimiento de sus temas y por el lenguaje directo y a veces soez. Sin embargo, en toda su narrativa prevalece un lirismo que dota a sus cuentos de un innegable valor artístico. Se trata de un escritor que asume la literatura como la más importante verdad pues, como señaló en muchas ocasiones, vida y literatura en él se hermanan. Así, escribe siempre desde la perspectiva de una identidad plenamente asumida, identidad como puertorriqueño exiliado en Nueva York, como artista en busca de nuevos modos expresivos, y como homosexual. A este respecto, la homosexualidad no es necesariamente un tema de su obra, sino la perspectiva vital desde la cual vive la realidad y que permea sus creaciones centradas por su lirismo en la intimidad de los sentimientos y la etereidad de la poesía.


Generacionalmente, Ramos Otero pertenece al grupo de cuentistas que se inicia en Puerto Rico en la década del setenta. Su libro Concierto de metal para un recuerdo (1971) puede considerarse, junto a Cordial magia enemiga de Tomás López Ramírez y la novela Veinte siglos después del homicidio, de Carmelo Rodríguez Torres, publicados ese mismo año, iniciador del nuevo rumbo en el cuento puertorriqueño contemporáneo.


Su actitud radical respecto a la práctica de la escritura y de la vida sexual le hicieron víctima frecuente de la marginación, tanto en su país como en Nueva York, a donde emigró desde 1968 hasta 1990; no obstante, la crítica no pudo dejar de contar con la obra de este autor al referirse a la generación a la que pertenecía. "...yo estoy entre mi ficción y la historia, no estoy fuera de ninguna de las dos sino entre ambas, y todo lo que he escrito, todo lo que escribo, es un intento de atrapar, irónicamente, la voz de mi liberación". (Félix Joaquín Rivera)


Creador de gran fecundidad, se destacó, sobre todo durante los veinte años que vivió en la ciudad de Nueva York; como poeta, narrador, director de teatro, promotor de la cultura y la literatura puertorriqueña y como amante del cine y de la música.


Ramos Otero fue editor de la revista Zona de Carga y Descarga Su producción literaria gira en torno al cuento, la novela y la poesía.


Del legado literario del autor, que ha aparecido en numerosas antologías, tanto de habla hispana como inglesa, han sido publicados los siguientes libros: Concierto de metal para un recuerdo (cuentos), La Novelabingo (novela), El Cuento de la Mujer del Mar (cuentos), El libro de la Muerte (poesía), Página en Blanco y Stacatto (cuentos) y Otras Orgías de Soledad.


Falleció en San Juan el 7 de octubre de 1990 a causa del SIDA. Sus cenizas fueron esparcidas, a petición suya, en la playa que siempre amó y que era parte de su ensoñación y fantasía: la Mar Chiquita. Recientemente, la Colección Clásicos de Puerto Rico le publicó su libro póstumo, Invitación al polvo. Sus amigos, intelectuales, poetas y escritores, en general, le han rendido diversos homenajes en San Juan y ha sido motivo de múltiples artículos en la prensa. La Fundación de las Artes y la Cultura de Manatí. Inc.. ARTCUMA. le dedicó IN MEMORIAM la sexta edición de los Juegos Florales de Manatí.


Esta pendiente de publicación por el Instituto de Cultura Puertorriqueña la colección de narrativa Cuentos de Buena Tinta, que recoge cuentos dispersos en múltiples antologías y revistas, y una edición facsimilar de La Novelabingo. La editorial Waterfront Press, que dirige en Nueva York, Kal Wagenheim, publicará también una antología preparada y prologada por Ramos Otero de narrativa puertorriqueña contemporánea traducida al inglés.
-Figuras de la Atenas de Puerto Rico
-Antología de Autores Manatieños/Milagros Agosto Otero y Pedro Juan Avila












…lo transportaron como por arte de magia
a otro cuerpo y otro tiempo…”
Manuel Ramos Otero

El hombre y la mujer, ¿somos realmente sexualidad imborrable o estereotipo, código moral? Embriagada por el legado literario de Manuel Ramos Otero aparecen sus espirales pirotécnicas que estallan como orgasmos en la psiquis del lector que se aventura a la intensidad de sus palabras. Ramos Otero (1948-1990), profesor universitario en Nueva York, cuentista, ensayista, poeta con la sensualidad florecida en carne viva, los paseos de su narrativa son entre conciertos, juegos, orgías, lluvias y ciudades sombrías. Él mostró sin pudor su postura a la intemperie del relato aceptando su homosexualidad como un escultor que rompe los parámetros de su propia creación y firma con un grito. En su último libro Invitación al Polvo nos ofrece el poema Vigilias, cito: ´´ Yo soy esa mujer que solitaria espera / cualquier invitación al polvo que venga / por correo ´´ ¿Quién es la mujer? ¿Acaso ese hombre aturdido por la verdad de su espejo que espera el beso de otro o es la mujer misma desolada que habita bajo la piel de un poeta que agoniza?
La definición de los sexos nadie la cuestiona: masculino es el humano cuya formación física le otorga pene y testículos; fémina es lo contrario, esta laureada con útero, ovarios, vulva. ¿Pero esto es lo que define por obligación la sexualidad?. Desde pequeños se nos enseña que las niñas deben jugar con muñecas, estar siempre limpias, jugar a mamá en una cocina de plástico mientras los niños de misma edad corretean fuera de la casa, montan bicicleta y sus desastres son algo cotidiano. Desde que comenzamos a explorar estas etapas o quizás desde antes (porque jamás una bebé sale del hospital vestida de azul, eso es color de varoncito) se enseña el poder indudable del esteriotipo en nuestra sociedad. Entonces en esas edades de aprendizaje los niños y niñas van captando la idea de cohibirse, temerle al sexo opuesto, forman una visión de prohibiciones. Crecen, en la adolescencia, la joven no puede tener las mismas libertades que su hermano porque él es hombre, él sí puede salir hasta tarde y no tener las mismas responsabilidades aunque vivan bajo el mismo techo. Un hermano y una hermana no pueden dormir juntos cuando pasan a la adolescencia, quizá los padres temen que ocurra un acercamiento sexual, pero los padres fueron quienes los criaron como si fueran dos seres desconocidos sin que compartieran todo, sin verse igual. Nuestra sociedad está condicionada por miedos, leyes, creencias que enredan al hombre en la imposición que busca encerrarnos como individuos para poder coexistir juntos como masa, pero esto tiene también su filo. Es castigada la experimentación. Si no hay tiempo ni espacio para que cada cual cate sin temor sus gustos, ¿cómo pretendemos tener individuos sanos en una cultura de opresión asediada por terrores?  Continua , favor hacer click en el enlace, gracias