miércoles, 25 de noviembre de 2009

POR SI NO SABIA : EDWIN REYES


1944-2001

 

Por si no sabías…

*Edwin Reyes escritor y poeta fue el responsable de las páginas culturales que publicaba CLARIDAD y que antecedieron al Suplemento En Rojo. Edwin colaboró consecuentemente con el Suplemento hasta su muerte.

*La mayoría de los(as) artistas plásticos(as) del país han realizado portadas especialmente para el En Rojo.

*La portada del suplemento dedicada a la celebración de los 35 años de CLARIDAD la hizo Denis Mario Rivera y su original lo pueden ver en la recepción del periódico, es un dibujo hecho en papel.

*La columna más antigua del En Rojo es la de cine, su columnista María Cristina lleva escribiéndola ininterrumpidamente durante 31 años. Kalman Barsy fue el primer critico de cine.

*De las columnas del En Rojo se han hecho libros, el primero El Tramo Ancla, donde se recopilan los escritos del Relevo, columna que contó con la participación entre otros(as) de: Ana Lydia Vega, Kalman Barsy, Carmen Lugo Filippi, Antonio(Toño) Martorell, Rosa Luisa Márquez y Magali García Ramis.

*Los escritores y escritoras latinoamericanos(as) han tenido una participación importante en estas páginas, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano,y Roberto Fernández Retamar entre muchos(as) han escrito y otorgado su permiso para reproducir su trabajo o ambas cosas.

*La primera mujer que dirigió el Suplemento fue la periodista Graciela Rodríguez Martinó, quien además le dio al En Rojo un nuevo aire, integrando secciones nuevas e incorporando jóvenes talentosos(as) a su plantilla.









Edwin Reyes nació entre el 2 y el 3 de julio de 1944 en el barrio Pozas de Ciales, Puerto Rico. Cursó estudios en la Universidad de Puerto Rico, aunque se consideró a sí mismo autodidacta. Fue parte de un grupo de jóvenes poetas que fundarían una de las revistas más importantes de la historia literaria puertorriqueña: Guajana, a inicios de los sesenta. Publicó cuatro poemarios: Crónica del vértigo (1977); Son cimarrón para Adolfina Villanueva (1985); Balada del hombre huérfano (1990) y El arpa imaginaria (1998). Fundador de la sección cultural (En Rojo) del semanario Claridad[1]

,en donde laboró varios años como redactor y columnista. También mantuvo columnas en El Reportero y en el Puerto Rico Ilustrado del periódico El Mundo. Durante su última década de vida realizó cinco documentales fílmicos y un largometraje de ficción. A su muerte en el 2001 dejó inconclusos varios proyectos, entre los cuales, una novela: El arpa en la creciente. De esta novela se publicó un capítulo en prensa.


Poemarios [editar]
Crónica del vértigo [editar]

Crónica del vértigo se publicó en 1977, con prólogo de Arcadio Díaz Quiñonez, siendo este su primer poemario y en palabras de Díaz Quiñonez: "La guerra de clases y la guerra política es lo más obvio en la presente recopilación. Pero hay otra, una guerra personal, soterrada, inseparable de la colectiva, que constituye una veta -quizás la más profunda- de estos textos. Reyes va fijando en sus versos los altibajos de una guerra íntima, caracterizada por atroces angustias, donde a ratos flaquea y se muestra indefenso y vulnerable..."
Son cimarrón para Adolfina Villanueva [editar]

Segundo poemario del poeta Reyes publicado en 1985. Poemario reaccionario a la tragedia de una familia de pescadores del sector Medianía Alta de Loíza Aldea, donde 15 policías, con una orden de desahucio, balacean la casucha de Agustín Carrasquillo y Adolfina Villanueva, encontrándose dentro de la vivienda dos de los seis hijos del matrimonio, razón por la cual Adolfina sale a su rescate y es asesinada por el Sargento Víctor Estrella cuyo juicio concluyó en su absolución. La Dra. Mercedes López-Baralt denomina este poemario como "llanto desafiante por la rescatadora de tierras que defendió con su vida la poéticamente nombrada "Villa se puede", nació poco después, en 1981, y se publicó en el periódico Claridad (1985), donde el poeta cialeño fundara la sección cultural a la que dedicó una fecunda colaboración de años." La publicación en libro de este poemario ve la luz pública en 1987.
Balada del hombre huérfano [editar]

Poemario en honor a su padre, en palabras de la crítica literaria Mercedes López-Baralt "La muerte de su padre, don Emilio Reyes, detonó con urgencia impostergable la aparición de la Balada del hombre huérfano, publicada en 1990. Una nueva rama que le ha crecido al árbol de la elegía hispánica, frondoso de las coplas de Jorge Manrique, del lamento del Pleberio de Fernando de Rojas, del "Llanto por Ignacio" de Federico García Lorca, del "Requiem" de Pepe Hierro, de la elegía por Ramón Sijé de Miguel Hernández y de aquella por Alfonso de César Vallejo...".


El arpa imaginaria [editar]

El último poemario publicado -en vida- en 1998, por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. La portada es la obra "El arpa imaginaria" de Rafael Trelles, titulada así por el poemario de Reyes . "Soldado de la belleza", Reyes cree "en el valor práctico de la utopía; en la libertad, que es la poesía del ser." "Al conjuro de la voz del poeta, el loco Charías tocó para nosotros entonces su arpa invisible en el virote que sostiene el techo del cuarto que le sirve de prisión, soñando con la fugitiva Isabel, que no es otra cosa que la poesía. (M.L.B.) "

El poeta -antes de su muerte- dejó otros textos que aún no han podido ser publicados...

Ofelia

Por la calle de San Sebastián
baja un lento río de luz,
una curva profunda por la que va flotando
el cuerpo luminoso de Ofelia.
Ni un perro se mueve en la tarde,
sobre los adoquines azules
va formándose un charco de prematura noche.
Ofelia es un lirio adormecido por la muerte.

Cuando pasa por el Colegio de Párvulos,
una monjita la ve pasar y se estremece
al sentir esa súbita ráfaga de belleza dorar
las rejas del portón.
“Debe ser una puta asesinada en La Perla”,
piensa la monja y se persigna bruscamente.

Efraín El Loco iba doblando
la esquina de San Justo
con su fiero turbante de apóstol
y su violenta mano de amigo
cuando el suave cadáver de Ofelia
le pasó por delante.
“Es la Virgen” rugió el loco
y cayó de rodillas sollozando,
los ojos abrasados por el resplandor del cielo.

El poeta estaba más abajo,
en la acera de Tony’s Place,
solo, tomando una cerveza
con un hermoso libro de las cartas
de Henry Miller a Hoki Tokuda.

Pensaba en el amor precisamente,
mientras miraba el río prodigioso de la calle
que tanto le hacía añorar
el ya lejano río de su infancia.

Fue entonces cuando notó el fulgor sereno
del cadáver de Ofelia que bajaba;
la reconoció enseguida
por el aura fatal de su hermosa cabeza de niña.

El poeta tembló de dolor
pero más quiso contemplarla;
de pie a la orilla del río la vio pasar, la quiso,
soñó que era otro río el que pasaba,
intentó detenerla con sus manos y ya no la vio más.

Al otro día los alumnos del Colegio de Párvulos
hallaron posado en la acera un libro cubierto de rocío
y, más allá, un puñado de flores extrañas
esparcido por los adoquines de la calle de San Sebastián.

Ofelia es un lirio adormecido por la muerte...

Edwin Reyes